Educar en valores

Lo vivimos diariamente, lo vivimos en los campeonatos y olimpiadas, en cada torneo. Es algo que se fomenta día a día en muchas canchas y complejos deportivos, pero no es lo más importante. Los telediarios solo premian a los que ganan, nadie recuerda a quien quedó cuarto o simplemente participó por primera vez en algún europeo, en  algún mundial o en algunas olimpiadas. Los que pasan a la historia son los que ganan, los que baten records y los que consiguen medallas.

Es triste que sólo se premie eso, pero es así. (Siempre hay excepciones)

Nos olvidamos de que los valores en el deporte son claves, no solo para disfrutarlo sino para conseguir éxitos. Trabajando con humildad se avanza, se crece. Tengo en mente a 3 ejemplos claros.

Rafa Nadal, es EL EJEMPLO. Humilde, sin malos gestos, asumiendo sus fallos en las derrotas y quitándose mérito en las victorias. Se lo han inculcado desde pequeño, su entrenador y tío, Toni Nadal, no ha dejado que sus éxitos se le suban a la cabeza. Y la clave de todo, ya la dijo en su entrevista con “El Español” tras su eliminación en Cincinnati: “Intentas disfrutar del momento, de saber que lo has dado todo. Normalmente es así. Intento disfrutar cuando sé que estoy vacío, intento disfrutar sabiendo que no me queda nada más.

En las últimas olimpiadas el ejemplo en el baloncesto lo tenemos en J.M. Calderón, ejemplo de lo que significa un JUGADOR DE EQUIPO. Un base que viene de ser titular, aceptando el rol de ser el tercer base del equipo, sin disfrutar apenas de minutos en cancha, pero sí disfrutando de cada minuto en el banquillo. Celebrando todas las canastas de los suyos y animando en los malos momentos. Metido en cada minuto, es el ejemplo de que todo suma en los deportes de equipo. Su lema: “Humildad y sacrificio”.

Y como no me gustan los números pares, voy a cerrar con un tercer ejemplo. Posiblemente no lo conozcan, no ha salido en muchos telediarios. Pero sí que ha jugado más de 400 partidos en ACB, y en una entrevista dijo: “Mi función en el equipo es un poco lo que se vio la semana pasada, ayudar cuando sea necesario. A veces puede ser duro no jugar, pero hay que ser consciente que el equipo requiere jugadores suplentes que cuando entren aporten cosas al colectivo”. Con esas declaraciones se ganó mi respeto: Jesús Lázaro.

Y seguramente haya un sinfín de jugadores y deportistas más… Todos son ejemplos para niños que sueñan con llegar a ser como ellos, no pueden predicar actitudes de desesperación, faltas de respeto y frustración. Bueno, sí que pueden, pero no deberían.

Llevándolo a mi terreno, sé que tengo que entrenar siendo ejemplo de lo que yo entiendo del baloncesto. Sé que tengo que ser coherente con mis palabras y sé que tengo que ser justa con las jugadoras. No puedo inculcarles que los árbitros son parte del juego, que pueden equivocarse, y protestarles en cada partido.  No puedo inculcarles que sean un equipo, que se traten con respeto, y ser a primera en faltarles el respeto a ellas o a otras compañeros. No puedo inculcarles que lo primordial es divertirse, entrenando duro para poder mejorar, y que me vean mosqueada en cada derrota.

Y que conste que odio perder, pero hay algo que tengo claro que está por encima de todo eso, y es la educación que les damos a los más pequeños. Si queremos un deporte limpio, humilde, justo y respetuoso lo debemos inculcar. Lo debemos inculcar con palabras, pero sobretodo siendo ejemplo de ello.

Nosotros, los entrenadores y formadores, debemos de tener claro cómo debemos educar deportivamente y también personalmente. Porque no sólo somos entrenadores, somos educadores y algo mucho más importante: somos un ejemplo para ellos.

Entrenemos educando en valores.

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"Futbolizando"

Hace varios años leí un artículo de una compañera del Nuryana, Carolina Armas, la cual con el título de “El Baloncesto se está futbolizando” daba su opinión en Basketmanía sobre el cambio que se está produciendo en el baloncesto.

Aprovecho este título que, junto con lo que ha ocurrido en una cancha de baloncesto este fin de semana, sobrepasa todo lo que conseguimos lidiar cada fin de semana.

Echo la vista atrás, en aquella época cuando decidí dejar de lado todas las actividades extraescolares y centrarme en la que más me gustaba: EL BALONCESTO. Y es que por aquella época, nada tenía que ver con lo que vivimos día a día. Por aquel entonces (desde 5º cuando empecé), mis entrenadores me inculcaron que este deporte es un deporte de superación individual y colectiva, de respeto hacia mis compañeros y mis rivales, de lealtad hacia mi equipo y mis compañeros, de amistad entre todos, donde el fair play era algo que no se nombraba porque era un aspecto intrínseco. Recuerdo que, por aquel entonces, no había pegas porque un jugador doblara con el equipo superior (haciendo 4h de entrenamiento), todos nos organizábamos con los estudios para poder entrenar SIEMPRE, mis padres jamás se quejaron cuando me “pasaron” al equipo de 2ª división, nunca le pedí explicaciones a un entrenador por los minutos que jugaba, y un largo etcétera. Todo esto se están perdiendo. Me entristece demasiado.

Me entristece ver como el deporte que amo, un estilo de vida que considero imprescindible para que mi día a día y mi felicidad sea completa, se está FUTBOLIZANDO. Y perdónenme los amantes del fútbol, pero la realidad es esta. La cultura del futbol es completamente dispar a la cultura del baloncesto que yo conozco, aunque hoy en día se van pareciendo.

No sé cuál es el problema de todo esto, no sé si el problema son los jugadores que se toman todo a personal, no sé si el problema son los jugadores que no se organizan, no sé si el problema son los padres que opinan que sus hijos serán estrellas del baloncesto, no sé si el problema son los padres que hacen de entrenadores, no sé si el problema son los entrenadores que quieren profesionalizar tanto que sólo piensan en el fin de ganar sin importar el medio, no sé cuál es el problema. Pero la realidad es que todo el entorno del baloncesto cada día me gusta menos.

Eso sí, yo tengo claro cuales son mis principios y cual es la cultura del BALONCESTO que me gusta. Y seguiré luchando porque el baloncesto sea como yo lo recuerdo. Este año tengo la oportunidad y el placer de entrenar un premini femenino donde inculcaré los valores de superación, respeto, lealtad, amistad, haciendo que el fair play venga inscrito en el baloncesto.Pero hay algo claro, este cambio debe venir de todos…